“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio”.
Mahatma Gandhi.
¡Buenos días!, Me congratulo por la designación el pasado jueves 5 de noviembre del Doctor en Derecho Raúl Plascencia Villanueva como Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a cargo del Senado de la República, seguro estoy que sabrá hacerle frente a los retos que enfrenta México en materia del respeto de las libertades fundamentales de los mexicanos, sobre todo en estos momentos difíciles por los que atraviesa la sociedad mexicana.
Hoy abordaremos uno de los valores fundamentales de la humanidad, que ha sido interpretado por diversos sistemas políticos, religiones, ideologías, costumbres en las distintas regiones del mundo, estamos hablando de la tolerancia.
Para comprender este valor, es necesario saber que desde el principio de los tiempos que registra la historia de la humanidad, hemos vivido en una sociedad que está muy distante de en realidad ser homogénea o cuando menos no lo somos sus integrantes, de hecho ninguna a nivel mundial lo es, por lo contrario estamos rodeados de una serie de diferencias que nos son inherentes como género humano, sin embargo, estas diferencias naturales han sido tomadas como motivo, claro está por gobernantes tiranos o enloquecidos líderes sociales a lo largo de la historia mundial, para cometer los horrendos crímenes, que por xenofobia, motivos religiosos, étnicos políticos, sociales, etc., se dieron y en algunos lugares se siguen dando lamentablemente, como ejemplos podemos citar al holocausto Nazi, encabezado por Adolfo Hitler, las prácticas discriminatorias y segregacionistas del “Apartheid”, en Sudáfrica, impuesto por Peter Botha, echado abajo luego por el emblemático líder Nelson Mandela, a la postre premio Nobel de la Paz y Presidente de su país, las atrocidades cometidas por los “Talibán” en Afganistán por parte del gobierno en manos de fanáticos religiosos en contra de una minoría étnica y religiosa, así podríamos pasarnos mucho tiempo citando ejemplos de la antítesis del valor que hoy analizamos, es decir, la tolerancia.
Hemos entendido por intolerancia a toda aquella reacción en contra de quienes consideramos diferentes al resto del conglomerado social, las reacciones pueden ser de diversa índole, desde la simple negativa de un saludo, pasando por la crítica destructiva, causarles algún malestar, en su hogar, en la escuela o laboralmente, terminando con los golpes o hasta la muerte, como en los casos que aquí nos sirvieron de ejemplo.
Nosotros como una sociedad progresista y civilizada debemos de comprender que vivimos inmersos en una rica diversidad, tanto cultural, étnica, religiosa, de afinidades o desafinidades políticas, de contrastes sociales, económicos, incluso hasta de diversas aficiones deportivas, pero también de circunstancias físicas y psicológicas diferentes.
Debemos de tomar en cuenta que esas personas que les llamamos “diferentes”, son las que han venido luchando principalmente contra esa vida adversa que día a día los aparta, que les recalca que son discapacitados, que pertenecen a otra religión minoritaria, que sus ideales no representan mayoría que por lo tanto, “no tienen razón”, que son más pobres que nosotros, que son homosexuales, que son migrantes, que son más morenos que todos los demás, etc.
Es hasta ahora que nosotros como sociedad mayoritaria, los que pensamos que tenemos todas las capacidades (aunque a veces estén en reposo), que contamos con todas las condiciones para lograr un desarrollo integral como personas, (aunque a veces o casi siempre tengamos que ver cómo nos pone la muestra esa gente que desde que nace ha luchado contra la corriente, un ejemplo de ello, el recientemente fallecido Gilberto Rincón Gallardo, eterno luchador en este país contra la discriminación en sus diversas manifestaciones).
Entonces, entendida la nocividad de la intolerancia para cualquier sociedad, se yergue la virtud humana de la tolerancia, íntimamente ligada a los conceptos de la dignidad humana, las ideas de libertad y la igualdad desde luego.
El término tolerancia proviene del verbo latino, “tolerare”, aguantar, soportar, resistir, sufrir, consentir, permitir, a su vez, la real academia de la lengua, nos da la siguiente acepción: acción y efecto de tolerar, respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias.
Entonces tolerar, es soportar o aguantar algo que en un principio no se tendría que soportar o aguantar, de tal manera que el proceso de la tolerancia plantea un primer momento en el cuál “A” no tiene porque admitir que “B” actúe de determinada manera, o que tenga otro sistema de creencias o pensamientos, luego viene el segundo momento en el cuál tras un período de reflexión, “A” considera que a pesar del perjuicio existente, “B” puede realizar su libre voluntad, es decir se le permite su actuar anteriormente incomprendido, ahora aceptado tal y como es.
El acto de tolerar presupone, primeramente la existencia de razones para no admitir una acción, una ideología, una creencia, sin embargo, el individuo tras sopesar o ponderar otro tipo de razones superiores, éstas se sobreponen a las anteriores, es decir a las razones intolerantes, para así formar un nuevo motivo válido para cambiar de actitud y, en definitiva, permitir, tolerar dicha acción, ideología o creencia, aceptando sus diferencias como una manera de ser, respetable de sus semejantes.
Es pues la tolerancia en nuestros días uno de los vehículos más importantes para desactivar esa lastimosa desigualdad que de repente asoma dentro de esta modernidad.
Es indudable que el reconocimiento de que la riqueza de nuestro mundo, sobre todo la de nuestro país, radica principalmente en ese mosaico de diferencias y diversidad, que bien canalizado nos llevará algún día, ojalá que pronto sea, como pueblo a un plano superior donde finalmente podremos abatir la desigualdad y la discriminación en todas sus manifestaciones, partiendo ahora sí, rumbo a un efectivo desarrollo de todos.
Por la paciente atención de hoy, amable lector, mi agradecimiento sincero.